El gobierno municipal explica su decisión: “En opinión de los ciudadanos, las actividades asociadas con la
discusión de relaciones sexuales en áreas públicas, es una provocación
que causa daño moral a los niños y adolescentes”, dice su mensaje.
Además, añade, en esas marchas “se insulta el sentido moral y religioso”
de los ciudadanos y se interpretan “condiciones abyectas y
deshumanizadoras”.
Además, la marcha se convocaba “en el centro histórico de Moscú, que
es un lugar preferido para los niños y familias moscovitas y
visitantes”.
En este tema, el actual alcalde, Sergei Sobyanin, se mantiene en la misma línea que su predecesor, Yuri Luzhkov.
Una encuesta de la empresa estadística estatal VTsIOM este mismo año,
a partir de 1.600 entrevistados, mostró que el 86 por ciento apoya que
se prohíba la “promoción de las relaciones homosexuales”.
Rusia no es un país menor: tiene unos 143 millones de habitantes. Y
es un hueso muy duro de roer para el homosexualismo político
internacional.
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